sábado, 22 de enero de 2011

Los osos fósiles, los otros gigantes.


El Dr. Leopoldo Soibelzon comparando un húmero de elefante con el húmero de Arctotherium angustidens 

Gracias a los trabajos precursores de los hermanos Ameghino conocemos desde hace mas de cien años   la existencia de osos de enorme talla, provenientes de sedimentos de edad Ensenadense (Pleistocenos temprano a Medio) de las “Toscas de Río de La Plata”, distintas excavaciones en la ciudad de Buenos Aires y los acantilados costeros de la provincia de Buenos Aires. Estos osos pertenecen a la especie Arctotherium angustidens que contiene a los osos mas grandes que hayan existido, solo comparables en tamaño al oso de rostro corto norteamericano (short-faced bear) Arctodus simus  y al oso de las cavernas europeo (cave bear)  Ursus spelaeus. Pero el oso recientemente presentado en el Journal of Paleontology (Soibelzon, L. H. and Schubert, B. W. 2011. The Largest Known Bear, Arctotherium angustidens, from the Early Pleistocene Pampean Region of Argentina: With a Discussion of Size and Diet Trends in Bears. Journal of Paleontology, 85-1-: 69-75.) es un gigante entre gigantes, con una masa corporal estimada entre 983 a 2042 kg (media 1588 kg y mediana 1749). Esto hace de este individuo no solo el oso más grande conocido sino también el carnívoro terrestre más poderoso del Pleistoceno. El resto fue hallado durante las excavaciones para construir el Hospital San Juan de Dios de La Plata (ubicado en la intersección de las calles 25 y 70) y fue donado por el Dr. Agustín Sempé al Museo de La Plata en el año 1935. Al igual que los otros restos conocidos, estos materiales fueron recuperados a 9,6 metros de profundidad, dentro del Piso/Edad Ensenadense. 

La masa de los osos actuales varía entre 45 y 750 kg. La masa para los osos de América del Norte es: oso negro (Ursus americanus) 54 a 76.5 kg; oso polar  (U. maritimus), 150 a 800 kg; oso marrón  (U. arctos), 80 a 600 kg.  El registro del individuo más robusto, entre las especies actuales, corresponde a un macho de U. maritimus, cazado en 1960 en el noroeste de Alaska, cuya masa fue de 1002 kg. Por otra parte la masa de  Tremarctos ornatus va de 60 a 175 kg.  Cuando se trata de tamaño o masa corporal es necesario tener en cuenta que el dimorfismo sexual en tamaño en los Ursidae alcanza hasta el 20%.

Comparación de tamaño entre el ejemplar estudiado y un ser humano
Durante el Pleistoceno hubo tres especies gigantes de osos: Arctotherium angustides en Sudamérica, Arctodus simus (oso de rostro corto) en Norteamérica y Ursus spelaeus (oso de las cavernas) en Europa. Estos osos están entre los mamíferos carnívoros terrestres mas grandes que hayan existido y presentan además varias innovaciones anatómicas que los distinguen del patrón general de la mayoría de los osos registrados desde el Pleistoceno  a la actualidad. En America del Sur se han detectado dos tendencias evolutivas para el género Arctotherium desde el primer registro hasta su extinción: 1) tendencia a la reducción de la masa corporal y 2) tendencia al incremento de la materia vegetal en la dieta.  

A partir de un estudio realizado utilizando mas de 60 ecuaciones alométricas (descriptas por diferentes autores) y aplicadas a 19 medidas craneanas, dentarias y postcranenas se observó que Arctotherium angustidens (Ensenadense) podía tener una masa hasta 4 veces mayor que A. wingei (Lujanense tardío; Pleistoceno tardío – Holoceno temprano), mientras que las especies registradas durante el Bonaerense (Pleistoceno medio) y Lujanense temprano presentan masas intermedias entre las dos mencionadas. Por otra parte, se realizó un análisis utilizando morfometría geométrica  donde se compararon las especies de Arctotherium con el resto de los osos actuales. Los resultados obtenidos indican que si bien A. angustidens era una oso omnívoro, en el morfoespacio se ubica próximo a los osos mas carnívoros como Ursus maritimus (oso polar) y Arctodus simus. Por otra parte, A. wingei se ubica proximo a los osos más herbívoros como el oso panda (Ailuropoda melanoleuca), el resto de las especies del género se ubican en posiciones intermedias. Finalmente la única especie que habita America del Sur en la actualidad, el oso andino (Tremarctos ornatus), es de tamaño pequeño  y uno de los osos más herbívoros conocidos. Aunque pertenece a un linaje diferente al de las especies fósiles sudamericanas, es sugerente que este oso siga la misma tendencia de Arctotherium.

Húmeros de Tremarctos ornatus MLP-M 1.I.03.62 (izquierda), Ursus americanus ETVP 7074, (centro) y Arctotherium angustidens MLP 35-IX-26-6 (derecha).

Cuando comparamos esta tendencia con la del genero Arctodus (América  del Norte) y Ursus (America del Norte y Europa), para los que se conoce muy bien el registro fósil, observamos que al contrario de los que sucedió en América  del Sur, la tendencia fue al aumento de tamaño desde el Plioceno hasta el Pleistoceno terminal, cuando se registran los individuos mas grandes. Esta diferencia implica que las presiones selectivas fueron diferentes en América del Sur por un lado y América del Norte y Europa por el otro. Creemos que las presiones selectivas en América del Sur pudieron estar relacionadas directamente con el Gran Intercambio Biótico Americano (GIBA), particularmente con la abundancia de grandes herbívoros y la relativa escasez de grandes carnívoros en el Pleistoceno temprano.  Con el tiempo, el gremio de los carnívoros post-GIBA fue incrementando su diversidad y la respuesta de Arctotherium fue la disminución del tamaño y el cambio de dieta.

Aunque los osos gigantes de América del Sur, del Norte y Europa experimentaron diferentes trayectorias evolutivas en términos de masa corporal, el registro fósil indica que Arctotherium, Arctodus y Ursus spelaeus se extinguieron en sincronía cerca del limite Pleistoceno-Holoceno. Hoy, América del Sur es habitada por una sola especie, Tremarctos ornatus (mas pequeña que su especie hermana, T. floridanus, y que las especies de Arctotherium y uno de los taxones mas plesiomorficos de la subfamilia Tremarctinae).  En norteamerica viven tres especies  (U. arctos, U. maritimus y U. americanus) y en  Europa dos (U. arctos y U. maritimus).  Todas ellas son sobrevivientes a la transición Pleistoceno-Holoceno y  son "morfológicamente conservadoras” en comparación con las especializados Arctotherium, Arctodus y U. spelaeus.  


Dr. Leopoldo H. Soibelzon (1-2) y Dr. Blaine W. Schubert (2)

1Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). División Paleontología de Vertebrados, Museo de La Plata, Paseo del Bosque, B1900FWA La Plata, Buenos Aires, Argentina,

2Department of Geosciences and Don Sundquist Center of Excellence in Paleontology, Box 70357, East Tennessee State University, Johnson City TN 37614, USA.

lunes, 17 de enero de 2011

Gondwana


Comentario bibliográfico tomado de Ameghiniana 2010 47(2), p.201.

El continente de Gondwana a través del tiempo: Una introducción a la Geología Histórica por Juan
L. Benedetto ISBN 978-987-983132- 7-3. Academia Nacional de Ciencias, 384 págs., 395 ilustr., Córdoba. Impreso en Enero 2010 por Premat Industrias Gráficas S.R.L

Esta obra viene a cubrir un vacío en la literatura geológica de Hispanoamérica en un tema tan importante y caro para los estudiosos de Ciencias de la Tierra como lo es la evolución del Gondwana a través del tiempo. El autor un reconocido paleontólogo y bioestratígrafo de la Universidad Nacional de Córdoba,  referente en nuestro medio y a nivel continental en estos temas, aprovecha la oportunidad para desarrollar un excelente tratado de Geología Histórica. Este tratado no es uno más de los varios libros existentes producidos en América del Norte o Europa sobre esta temática, sino que cada capítulo de la obra está centrado en la evolución de América del Sur y de nuestro país dentro del contexto gondwánico. Este carácter elaborado a través de una profusa cantidad de referencias de trabajos de autores locales, no descuida los aportes de especialistas internacionales, dándole un delicado equilibrio entre el avance del conocimiento a escala global y regional. Aprovecha la oportunidad para dar a conocer de primera mano una serie de hallazgos y conocimientos que trascienden el marco continental. 

La obra está organizada en nueve capítulos, cada uno de ellos con su correspondiente bibliografía y culmina con un índice alfabético con más de 1400 entradas, que permite una fácil ubicación de términos geográficos, estratigráficos, taxones y otras palabras específicas en las diferentes páginas de la obra. Las ilustraciones en su mayor parte en color y cercanas a las 400 tienen un acabado cartográfico impecable, acompañadas de excelentes fotografías del terreno.

El primer capítulo está dedicado a las herramientas metodológicas que permiten auscultar la historia de la Tierra, con una breve introducción histórica. Son tratados con rigurosidad tanto los métodos paleontológicos como los de datación absoluta, discutiendo la importancia del paleomagnetismo en esta reconstrucción de la historia del Gondwana. El Capítulo 2 aborda los tiempos más remotos del Eón Arqueano, con sus caracterizaciones litológicas y paleogeográficas, y la distribución de los cratones, con especial énfasis en el armazón del Gondwana. Esto brinda un marco adecuado para analizar en forma muy actualizada las primeras huellas de vida registradas en la Tierra. El Capítulo 3 se inicia con la historia del Proterozoico para considerar la sucesión de los diferentes supercontinentes, sus períodos de malgamación y dispersión, con especial énfasis en el supercontinente de Rodinia y la formación del Gondwana. Examina la evolución de la región andina, introduciéndonos también en la interacción durante el Proterozoico del bloque  cratónico de Pampia y el cratón del Río de La Plata, junto con las evidencias de glaciaciones en este período. El Capítulo 4 centrado en el Cámbrico y el Ordovícico es una oportunidad para discutir el límite precámbrico-cámbrico e ilustrar con las faunas de Burgess y las de Chengjiang la explosión aunística cámbrica. El Ordovícico recibe una atención especial con énfasis en la glaciación hirnantiana, y las extinciones de ese período, sin descuidar la historia de acreción del margen protoandino. El Capítulo 5 dedicado al Silúrico y Devónico integra la evolución del Gondwana a las de los cinturones apalachiano y caledónico. Especial atención reciben las faunas extra-gondwánicas de Colombia y Venezuela, así como las del sector argentino. El Capítulo 6 aprovecha la formación de Pangea para integrar la evolución neopaleozoica de  los cinturones hercínicos de Europa con otros del hemisferio norte, sin descuidar la evolución regional con interesantes reconstrucciones paleogeográficas. El posible origen alóctono de la Patagonia recibe un análisis específico. El Capítulo 7  enfocado en el Triásico permite tratar la ruptura de Pangea con una comparación de los sistemas de rift del hemisferio norte con los de nuestro continente, con una excelente descripción de la biota triásica de Ischigualasto. El Capítulo 8 que marca la dispersión del Pangea con el desarrollo de importantes faunas marinas, analiza junto con el provincialismo faunístico, la evolución de las cuencas tetianas y del Caribe. Las cuencas del margen pacífico así como las interiores son integradas a escala global con la apertura del Atlántico Sur. El Capítulo 9 dedicado al Cenozoico abarca desde la crisis Messiniana hasta las glaciaciones cuaternarias, con especial énfasis en la biogeografía de los mamíferos cenozoicos. La evolución del hombre y sus antecesores es tratada con conceptos modernos, culminando con un análisis  del calentamiento global y de sus posibles causas antrópicas. 

Un carácter común a todos los capítulos es la excelente presentación de los temas, la rigurosidad de los análisis y el gran esfuerzo de actualización desarrollado, lo que en nuestros días con un mundo tan cambiante de conocimiento es una verdadera hazaña intelectual. Sólo queda felicitar a la Academia Nacional de Ciencias por este extraordinario esfuerzo editorial, la impecable impresión y el cuidado en todos los detalles que convierten a esta obra en un suceso editorial que lo tornará en un libro de consulta y estudio imprescindible para los amantes de las Ciencias de la Tierra.

Dr. Victor A. Ramos
Universidad de Buenos Aires

- Para conocer más acerca de este texto puede ingresar a la página del libro.

- La Asociación Paleontológica Argentina agradece al Dr. Juan L. Benedetto la donación de un ejemplar para la biblioteca de la Sede Central, el cual se encuentra conjuntamente con otros textos y revistas periódicas al servicio de los asociados. 

domingo, 16 de enero de 2011

Dinosaurios del NOA


Generar el marco adecuado para que los investigadores se acerquen a la sociedad a través de la difusión del conocimiento científico, no es tarea sencilla. Sin lugar a dudas la provincia de Salta, se ha visto beneficiada con la tenacidad y constancia con la que el Dr. Ricardo Alonso a través de diversas publicaciones, a fomentado el conocimiento de la geología y la paleontología del lugar.

El libro "Dinosaurios Salteños y Argentinos. Un fascinante capítulo en la historia de la Tierra." de Ricardo Alonso, cuenta ya no solo con una lujosa primera edición (2007. Crisol Ediciones–UNSa–CONICET, 180 p.) sino además con la presente (2009. Mundo Gráfico Editorial, 283 p.) realizada en un formato más económico y fácilmente transportable de 20 x 14 cm. Este libro tiene entre sus objetivos llevar la icnología de los dinosaurios desde los claustros universitarios a las personas no especializadas, a través de un lenguaje sencillo, aunque no por eso menos exacto. La filogenia de este libro puede rastrearse en el trabajo de tesis doctoral de Ricardo Alonso, basada en el estudio de las huellas de dinosaurios del Valle del Tonco, que fuera defendida en la Universidad Nacional de Salta en 1978. 

Prologado por el Dr. Fernando Novas, este libro aborda entre otras, diversas temáticas relacionadas con los dinosaurios, tales como detalles de sus esqueletos, las huellas y rastros que dejaron  (capítulos como Las huellas de dinosaurios del Valle del Tronco o Huellas de dinosaurios del Cañadón del Río Juramento), las características de los huevos con que se reproducían (capítulos como El huevo del Saltasaurio), las posibles causas que llevaron a su extinción, la geología y antiguedad de las rocas que los contienen, el clima del pasado, y además las imborrables huellas de los investigadores que se abocaron al estudio de los dinosaurios, en particular en la provincia de Salta, tales como el sacerdote Leonardi, Friederich von Hune

Además de los capítulos dedicados particularmente a los dinosaurios, el autor introduce al lector en el contexto biótico donde vivieron los dinosaurios del NOA, completando con una prosa didáctica y amena, el cuadro biológico del Mesozoico. Entre estos últimos capítulos pueden mencionarse Los helechos y la extinción del Cretácico, Aves fósiles de SaltaPeces fósiles de la época de los dinosauriosCaracoles fósiles de la Época de los dinosaurios Ranas fósiles de Salta en tiempos de los dinosaurios. El conjunto de los capítulos constituye una obra singular por su foco regional, pero que despierta sin lugar a dudas un interés global en el lector. La obra de Alonso enaltece al conjunto de textos de divulgación científica publicados en la Argentina.    

La Asociación Paleontológica Argentina agradece la desinteresada y generosa donación por parte del autor, tanto de este como de otros textos de su autoría. Los mismos pueden ser consultados en la biblioteca de la Sede Central.        

Dr. Javier N. Gelfo
División Paleontología Vertebrados 
Museo de La Plata 
Paseo del Bosque s/n B1900FWA La Plata 
Buenos Aires- Argentina. 
jgelfo@fcnym.unlp.edu.ar

sábado, 15 de enero de 2011

El Cerro San Bernardo, provincia de Salta


En "Rocas y Fósiles del Cerro San Bernardo. Una historia de 500 millones de años" Crisol Ediciones (152 páginas), el Dr. Ricardo Alonso reúne varios artículos que fueran escritos originalmente como notas de divulgación en diarios y revistas. Los mismos han sido puestos al día y se le han sumado nuevos aportes que fueron reunidos en este libro, que brinda de un modo ameno y didáctico, una interesante idea para el lego sobre los aspectos geológicos, paleontológicos e incluso antropológicos del Cerro San Bernardo en la provincia de Salta, Argentina. A lo largo de sus páginas es posible encontrar un merecido homenaje a quienes trabajaron, exploraron y se vincularon intelectualmente con el Cerro San Bernardo, entre quienes se destacan César F. Perdiguero, Horacio J. Harrington, Teiichi Kobayashi, Juan Keidel, Cristian Nelson, Amadeo R. Sirolli y Bernardo Schain. El lector encontrará además nutridas explicaciones sobre aspectos geológicos, y en particular varios capítulos dedicados a diversos fósiles tales como graptolites, língulas y trilobites. Sin lugar a dudas una excelente semblanza sobre la historia de la tierra en la provincia de Salta, ejemplificada en el Cerro San Bernardo. Para quienes conocemos dicho Cerro, una síntesis perfecta para tener presente su historia profunda. Para quienes aún no han tenido la oportunidad de conocerlo, sin dudas la mejor invitación para incentivar la curiosidad. 

Tal como expresa el autor en el epílogo del mismo, somos hoy testigos pasajeros, de un breve e insignificante momento, en el pasmoso tiempo profundo. Disfrutemos del Cerro San Bernardo como si tuviéramos en las manos las páginas pétreas de un libro, que nos enseñan a comprender nuestra efímera ubicación en las coordenadas del espacio y del tiempo. 

La Asociación Paleontológica Argentina agradece la desinteresada y generosa donación por parte del autor, tanto de este como de otros textos de su autoría. Los mismos pueden ser consultados en la biblioteca de la Sede Central.

Dr. Javier N. Gelfo
División Paleontología Vertebrados
Museo de La Plata
Paseo del Bosque s/n B1900FWA La Plata
Buenos Aires- Argentina.
jgelfo@fcnym.unlp.edu.ar

sábado, 8 de enero de 2011

Cazando dinosaurios en Mongolia


Desierto de Gobi
Durante agosto del 2010, tuve la oportunidad de participar de una expedición paleontológica en el Cretácico del desierto de Gobi, invitada por el que fuera mi co-director de Tesis Doctoral, el Dr. Philip Currie de la Universidad de Alberta y el Dr. Young-Nam Lee, director del “Korea-Mongolia International Dinosaur Project”. Llegué a Ulaanbaatar después de un viaje que me llevó desde Neuquén vía Buenos Aires, Madrid, Frankfurt y Moscú. La capital de Mongolia se ve desde el avión como una ciudad pintoresca, donde las casas de los barrios alejados están pintadas de llamativos colores, recordando un poco al barrio de La Boca. La ciudad está ubicada entre sierras bajas y praderas muy verdes, al menos en esta época del año. El microcentro de la ciudad es más bien del tipo caótico, con un tráfico difícil de descifrar y calles difíciles de cruzar. La gente sin embargo es sumamente simpática, para nada retraída, lo que facilitó en gran manera la comunicación… que por supuesto fue por señas, porque lo único que aprendí a decir en mongolés es “buen día” o “sain- bainu”. 

A la izquierda ciudad de Ulaanbaatar. A la derecha, una vista de las afueras de Ulaanbaatar.
Los paleontólogos participantes conformamos un excelente y variopinto grupo humano, con representantes de Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Japón, China, Corea, Mongolia y Argentina (esta humilde servidora). También contamos con la presencia durante la primera etapa de la campaña, del recientemente premiado por la Society of  Vertebrate Paleontology, el Dr. Rinchen Barsbold, pionero de la paleontología en Mongolia, cuyos conocimientos del Gobi fueron muy enriquecedores. El alto porcentaje de concurrencia de asiáticos trajo aparejada la degustación de platos típicos de los diversos países representados. Por supuesto, todas las comidas, incluyendo las sopas instantáneas del mediodía, se ingerían con palillos. Mi aporte cultural fue una enorme caja de chocolate de Bariloche que al segundo día se había fundido en una pasta uniforme que comíamos con una cuchara; y el infaltable mate, que atrajo mucho la atención y fue probado por todos en una especie de ritual “mate de la paz”, o sea un sorbito cada uno. En un descuido, el susodicho fue dejado atrás en el Gobi (era un lindo mate!) y ahora sano y salvo en la repisa de un amigo en Ulaanbaatar. 

Arriba: 1.Y-N. Lee, 2. R. Barsbold, 3. A. Lindoe, 4. S. Persons, 5. J. Graf, 7. D. Eberth, 12. Y. Kobayashi, 13. N. Kim. Abajo: 1. H-J. Lee, 2. Ganzuren, 3. E. Koppelhus, 4. P.J. Currie, 5. A. Paulina Carabajal, 6. V. Arbour, 10. L. Barsbold
(Foto, gentileza de P.J.Currie).

Desde Ulaanbaatar, nos llevó dos días de viaje llegar hasta el desierto de Gobi (unos 600 km) no tanto por la falta de rutas como por la baja velocidad con la que se movían los camiones que transportaban las provisiones, los que además necesitaban enfriar los motores de tanto en tanto. En Mongolia, no hay rutas pavimentadas que crucen el país, y en el desierto a veces no hay caminos. Se trata más bien de áreas de circulación que los choferes locales conocen a la perfección y por las que se mueven por supuesto sin usar GPS… ! Cada tanto, los choferes- y también nosotros- cumplíamos con la tradición de parar en determinados lugares, y dar tres vueltas alrededor una pila de rocas luego de colocar una, para la buena suerte del viaje.

Viaje hacia el desierto. Camión con provisiones
El paisaje del desierto de Gobi es hermoso, majestuoso, muy parecido en muchos aspectos a la estepa patagónica sur, con sus bad-lands rojizas o blanquecinas, dependiendo de la zona. Sin embargo, es esa sensación de extrema vastedad (y los camellos que aparecen de tanto en tanto), la que recuerda que es un lugar distinto, extraño. A medida que nos adentramos en el desierto, la vegetación va menguando hasta casi desaparecer por completo. Lo mismo ocurre con los nómades, cuyos gers se ven con menos frecuencia. El ger (se pronuncia algo así como “guir”) es la vivienda del nómade. Se trata de una tienda circular, revestida de paneles fabricados con pelo de camello. Las paredes internas pueden estar cubiertas con tapices de variados colores y dibujos. En el centro de la tienda se encuentra una especie de cocina a leña, cuyo fuego se considera sagrado, y se utiliza para calefaccionar y para cocinar, pero en la que no está permitido quemar basura por ejemplo. En el desierto, los nómades se mueven en motos, caballos y camellos, y viven de la cría de ovejas y chivos.

Ger, vivienda de nómades
Con uno de nuestros choferes, usando ropas típicas.
El lugar. Estuvimos trabajando principalmente en un área conocida como Bugin Tsav (“Tsav” significa “cuenca”), al Oeste de Nemegt. Allí se asentó el campamento base, constituido por dos camiones, y tres tiendas de campaña, la más grande de ella con capacidad para 25 personas sentadas (nuestro comedor). Desde este lugar, se organizaban salidas diarias a distintas localidades, a veces todos juntos pero también en tres o cuatro grupos que realizaban actividades diferentes, un poco de acuerdo a la finalidad y el tipo de estudio que estuvieran haciendo los integrantes. Cabe mencionar que en el equipo de trabajo había especialistas en sedimentología, plantas, huevos, huellas, tortugas y dinosaurios de todos los tipos.


Campamento base, Bugin-Tsav.
Además de Bugin Tsav, recorrimos al principio del viaje la cuenca de Nemegt (de dónde proviene el saurópodo Nemegtosaurus) y sus Formaciones Nemegt y Barun-Goyot, como así también otros sitios con valor histórico, en los que aún se observan indicios de antiguas campañas paleontológicas. Un ejemplo, es un sitio en Altan-Ula  conocido como “la Tumba del Dragón” del cual las campañas rusas extrajeron más de 60 toneladas de hadrosaurios allá por la década del 40. En ese lugar, aún se observan incontables elementos óseos in situ, como así también restos de impresiones de piel excelentemente preservadas (ver foto debajo). Lamentablemente, este es otro de los sitios que ha sido afectado por el vandalismo.

Segmento caudal con impresiones de piel,  en la “Tumba del Dragón”.
Los dinosaurios que más frecuentemente fueron encontrados durante este viaje son los hadrosaurios y los terópodos como ornitomímidos, oviraptóridos, el tiranosaurio Tarbosaurus, velociraptóridos y los algo menos comunes therizinosaurios. Excepto por los hadrosaurios y los tiranosaurios, son generalmente dinosaurios de pequeño y mediano tamaño. Los sedimentos que contienen los huesos son generalmente areniscas muy blandas en la superficie debido a la meteorización, lo que permite una muy rápida extracción de los mismos. Por ejemplo el terópodo en el bochón de la foto (ver debajo) fue encontrado y excavado en el mismo día. Por supuesto también nos encontramos con concreciones durísimas que precisaron el uso de martillo neumático, como en el caso de un par de nidos con huevos de terópodo, y en el  caso de los huesos de un saurópodo.

Bochón con esqueleto completo de un pequeño terópodo.
Otros elementos que se encuentran comúnmente son las placas de la coraza de los anquilosaurios. El tamaño de estas placas es tan variable como su espesor. De vuelta en el museo, tuve el pequeño cráneo de uno de estos animalitos en mi mano, y pude apreciar la delicadeza de su forma y la complejidad de la estructura. Son definitivamente cráneos muy extraños e interesantes. Algo que no había visto antes y que también me llamó la atención fue un sitio con huellas de dinosaurio. Estas permanecen in situ luego que el sedimento lindante se disolviera, quedando diseminadas por el suelo a lo largo de muchos, muchos metros. Las huellas más frecuentemente encontradas corresponden a terópodos de mediano tamaño, mientras que las huellas de los hadrosaurios presentan un tamaño mayor.

Huellas de dinosaurio (relleno de la cavidad original)
Fue divertido ver como se emocionaban todos con el hallazgo de los huesos de un saurópodo… tan comunes en nuestra Patagonia, mientras que cada vez que yo veía un hueso de ornitomímido, Oviraptor, Velociraptor o anquilosaurio me ponia súper contenta y para el resto del equipo era…bah, “otro más”! Mientras que la mayoría de los investigadores centraba su atención en las similitudes entre los dinosaurios de Norteamérica y Mongolia, que están cercanamente emparentados (como por ejemplo sus tiranosaurios), el Dr. Currie y yo nos centrábamos además en analizar las diferencias entre los dinosaurios de Mongolia y los de Patagonia. Estas dos regiones comparten básicamente la presencia de titanosaurios y dromaeosáuridos (si bien se han empezado a encontrar evidencias de anquilosaurios en America del Sur y carcharodontosaurios en Asia), pero en un contexto global, lo que buscamos es entender cuáles fueron los cambios evolutivos en la morfología neurocraneana de estos dinosaurios a lo largo del mesozoico.  

No todo es color de rosa para los dinosaurios de Mongolia. Como en la Argentina, la compra y venta de fósiles es ilegal, pero desafortunadamente, y gracias al mercado negro, el número de especimenes vandalizados es bastante alto, y muchos de los restos que encontramos cada día, habían sido encontrados primero por alguien más. Los ladrones se llevan solamente las garras y los dientes, que son más populares en el Internet, dejando a veces importantes secciones del cráneo y por supuesto el postcráneo, que generalmente destruyen en el proceso de extracción. En numerosas ocasiones pudimos rescatar grandes porcentajes de esos esqueletos, pero otras veces el panorama fue bastante desolador.
Esqueleto de Tarbosaurus vandalizado. Probablemente completo al momento del hallazgo, ya que en el lugar había astillas de dientes y fragmentos de cráneo, columna, y apéndices.
El clima durante la campaña fue muy benigno, cálido durante el día (solo pocas veces superó los 35 grados) y algo más fresco durante la noche, lo que permitía un buen descanso. En 29 días solo nos llovieron 3, y hubo una tormenta de viento que duró un día y medio. En cuanto a esto último… subestimé las historias y no recargué con rocas los tirantes de mi carpa, por lo que cuando se desató la tormenta, y me avergüenzo de admitir que esto le pasó a una patagónica, el viento literalmente se llevó mi carpa. A mitad de la noche, cuando todos los tirantes estuvieron libres y la carpa se empezó a mover conmigo adentro, no me quedó otra opción que salir, y sujetarla con todas mis fuerzas hasta que logré colapsarla y ponerle rocas y arena encima. Una vez colapsada, me fui a cobijar en la tienda cocina, envuelta en mi bolsa de dormir. Durante los siguientes dos días, la gente fue encontrando, más o menos cerca del campamento, algunos de los artículos que perdí esa noche, entre ellos medias, ojotas y mi querido sombrerito, que me ha acompañado en tantos viajes.

Trabajando en la lluvia. Foto 13. Vehículos empantanados después de la lluvia.
No vimos animales peligrosos en el Gobi, y tuve un solo encuentro con una serpiente venenosa (¿?) durante toda la campaña. Sin embargo, las que más me preocuparon fueron las garrapatas de camello. En esta época del año, el campo estaba repleto de ellas, y casi parecería que nos detectaban al instante, y a veces era posible ver a 3 o 4 acercándose a uno a gran velocidad. Cada tarde, al volver al campamento, dedicábamos un buen rato a revisarnos todos los rincones del cuerpo, ya que después de haber visto el tamaño alcanzado por una garrapata “llena” fue suficiente para tener pesadillas al respecto (ver foto debajo). Otros animalitos muy comunes en el campo fueron las lagartijas, de las que pude reconocer  al menos 3 tipos diferentes. Me hubiera gustado mucho ver un “zojig” (erizo pequeño) vivo, pero no tuve la oportunidad. 

A la izquierda, garrapata de camello ”llena”, que ha aumentado unas 20 veces su tamaño. A la derecha lagartija. 
En las colecciones del museo de Historia Natural de Ulaanbaatar, estuve estudiando neurocráneos y frontales aislados de dinosaurios terópodos. La gran cantidad de este tipo de material recolectado durante los años que el Dr. Currie ha estado trabajando en Mongolia (casi continuamente desde el año 1986) permitiría realizar algunos estudios sobre el cambio morfológico sufrido por esta estructura durante la ontogenia, que ambos estamos llevando en conjunto. Por su parte, lo más llamativo para mí de las exhibiciones del Museo, fueron los Protoceratops completos y los nidos con huevos de oviraptóridos. Tuve la suerte de ver además los “dinosaurios peleando” originales, par de dinosaurios recuperados juntos, donde un Protoceratops está mordiendo el brazo de un Velociraptor

Museo de Historia Natural de Ulaanbaatar.
Dinosaurios "peleando”
Volví enamorada de Mongolia y de su gente. Este viaje dejó en mí un muy grato recuerdo, además de la experiencia y los amigos adquiridos. Cumplí de esta manera un sueño que venia acariciando desde que conocí a Phil Currie, diez años atrás, que siempre decía que para él había 3 lugares especiales en el mundo donde un cazador de dinosaurios tenía que poner el pie: El Parque Nacional Dinosaurio en Canadá, el desierto de Gobi en Mongolia y por supuesto, Patagonia. Me siento afortunada de haber tenido la oportunidad de seguirle los pasos y cazar dinosaurios junto a él en esos tres lugares.


Dra. Ariana Paulina Carabajal
Av. Córdoba 55 (8318) Plaza Huincul
Neuquén, Argentina.

Asociación Paleontológica Argentina